Monday, May 18, 2015

La Paz sufre por los robos y la venta de drogas

Cada día se cometen al menos cuatro casos de robos, hurtos o atracos en el municipio de La Paz. Estos delitos causan temor en 20 de sus 23 distritos (ver el mapa de la infografía de las páginas 8 y 9). La tarde del 29 de abril, el empleado de una empresa que comercializa oro sufrió un atraco cuando trasladaba $us 62.000 y fue interceptado en el barrio de Sopocachi por una banda de delincuentes armados que huyeron y se llevaron todo el dinero.

De los 6.306 casos atendidos el año pasado por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) en la sede de gobierno, 1.491 fueron “delitos contra la propiedad” (que comprenden robo, hurto y robo agravado, a personas e inmuebles). Es el mayor índice, seguido por el de “delitos contra la corrupción pública”, con 1.361 y el de “delitos económico financieros”, con 1.011. En el caso del trabajador de la compañía aurífera, hubo un plan organizado por una banda delictiva.

A estas tres formas de robo contra personas, propiedades y negocios se suma la venta de drogas al menudeo (microtráfico) como el segundo delito con más casos en la ciudad. Cada semana, uniformados detienen a vendedores de droga en plazas, calles y quioscos del centro. Las plazas Eguino, San Pedro, Alonso de Mendoza, Riosinho y sus calles adyacentes son “zonas rojas” donde se comercializa marihuana y cocaína en sobres, indicó un exjefe policial que pidió no revelar su identidad.

Estas dos actividades delictivas preocupan a vecinos y autoridades policiales en las zonas Central y Sur, y las laderas Este y Oeste. Los robos afectan a 20 distritos (de las zonas Centro, Max Paredes, Cotahuma, San Antonio, Sur y Periférica), y el microtráfico de drogas está presente en cinco distritos (del Centro y Sur). En el caso de la venta de droga al menudeo, ésta se amplía a las unidades escolares, discotecas y centros nocturnos de los distritos afectados.

El municipio de La Paz tiene 764.617 habitantes, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2012, y está conformado administrativamente en nueve macrodistritos: siete urbanos (Centro, Cotahuma, San Antonio, Periférica, Max Paredes, Sur y Mallasa) y dos rurales (Hampaturi y Zongo). A la par, éstos se dividen en 23 distritos, de los cuales 21 son urbanos y dos, rurales (Hampaturi y Zongo).

Informe La Razón elaboró un mapa de los delitos en La Paz (páginas 8 y 9), con base en entrevistas a dirigentes vecinales de los 23 distritos del municipio, a autoridades policiales de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (zona Central y Sur), de la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos (Diprove), el Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana (ONSC) y el Viceministerio de Seguridad Ciudadana. También consultó investigaciones y realizó recorridos en las zonas.

ASALTOS. Producto de la investigación, se identifica mayor actividad delictiva en los distritos del Casco Viejo, San Pedro, Miraflores, San Antonio, Villa Victoria, La Portada, Bajo Llojeta y el Sur. Lo que significa que en estas zonas se cometen, indistintamente, robos a personas, casas y negocios, aparte de la venta de drogas, además de otros ilícitos como robo de vehículos y autopartes, y robo a turistas. La mayoría responde a clanes organizados. Y otro delito que preocupa involucra a los avasallamientos en la zona Sur de La Paz.

En todos los distritos, excepto el de Zongo, que es rural, se presentan casos de consumo de bebidas alcohólicas en vías públicas, parques, plazas o campos deportivos, que, según vecinos, alimentan la inseguridad. Y en 12 distritos de los cuatro puntos cardinales existen pandillas que están en la mira por generar actos delictivos. Los datos de la Policía también incluyen casos de delitos como homicidios, asesinatos, violaciones y trata y tráfico de personas, pero su incidencia es menor en cuanto al número total de hechos.

“En enero de 2014, luego de asistir a una fiesta, un hombre de 27 años fue asaltado por la plaza Adela Zamudio, en Sopocachi, a medianoche. Mientras caminaba sintió un golpe en la cabeza, se desmayó y le robaron todo. Estuvo tirado en la calle”, cuenta Pilar Vásquez, secretaria de Obras de Playa Verde, del Distrito 3, que comprende Sopocachi y Cristo Rey.

El coronel Freddy Olivares, director nacional de la FELCC, explica que los delincuentes cometen los robos con mayor frecuencia porque es la manera “más fácil de obtener dinero”. “Los asaltos son la consecuencia del consumo de bebidas alcohólicas, pero también existen grupos que operan en la noche robando, y hay otros que practican el secuestro exprés (retención de una persona dentro de un vehículo para someterla hasta sacar su dinero de los cajeros electrónicos)”, dice Francisco Saavedra, dirigente del Consejo de Seguridad Ciudadana del Distrito 11, que comprende zonas como Vino Tinto, Achachicala, Agua de la Vida y otras.

En febrero de 2014, el dirigente envió una carta al Gobierno Municipal de La Paz para solicitar la instalación de cámaras de seguridad cerca de las unidades educativas que forman parte del distrito. La Policía identifica a las calles Cobija, Independencia, Armentia, Catacora, Kramer, Pisagua, Laja, pasaje Luis Lara, y las avenidas Chacaltaya, Perú y otras, como los sitios de mayor incidencia delictiva en esa área.

En el caso de los ladrones que roban carteras y operan en “taxis blancos”, la EPI San Antonio informó que mudan sus actividades por varias zonas de La Paz, una vez que los vecinos advierten su presencia. En el barrio de Sopocachi, habitantes también advierten esta particularidad. “A principios de año estaba circulando por la calle Menéndez Pelayo, en Sopocachi, y vi que a una mujer la seguía un taxi blanco, alguien salió de la ventana y le jaló la cartera. Ella no soltaba su bolso, por lo que fue arrastrada por varios metros, hasta que el sujetador se rompió. Estábamos con mi padre, la auxiliamos y la llevamos a su casa. Son taxis sin placas de control. Sucedió como a las 20.00”, cuenta Fernando Averanga, dirigente vecinal del barrio 8 de Diciembre de esta zona.

Otra especialidad de la delincuencia son los monreros, quienes ingresan a las casas y negocios para sustraer dinero, joyas y objetos de valor. “La mayoría de los casos que registramos son por robos y hurtos y, últimamente, los robos agravados, me refiero a bienes inmuebles. Sin embargo, de alguna manera esto se está neutralizando a través de las investigaciones y operativos que realizamos”, indica el director de la FELCC departamental, coronel Daniel Quintanilla.

Eran las 15.30 del 23 de enero, nadie respondía al llamado del timbre en la casa de la familia Salcedo Miranda, en la zona de Challapampa, en el Distrito 11. Los esposos salieron a trabajar, las hijas a estudiar y el abuelo estaba hospitalizado. Cinco monreros (ladrones de casas) entraron a las habitaciones, uno se quedó afuera como vigilante, y se llevaron todo lo que encontraron. La familia perdió cerca de $us 9.000 en objetos de valor, dinero y joyas.

Al día siguiente, en la inauguración de la Feria de Alasita, otro grupo de ladrones ejecutó una estrategia más atrevida. Tres viviendas en el barrio Said Cruz Pata, en Pampahasi, en el Distrito 16, fueron robadas una tras otra. En una forzaron la puerta y a las otras ingresaron por la ventana, usando una escalera. “Sucedió al mediodía, las casas eran contiguas. No había nadie en esa casa porque era la Feria de Alasita. Los dueños tardaron casi dos horas en retornar, se llevaron varios objetos, como guitarras eléctricas, garrafas, dinero”, relata Norah Luque, presidenta de la Asociación Comunitaria de ese distrito, que comprende zonas como Pampahasi, Villa Salomé, Ciudad del Niño.

Arturo Quispe, exejecutivo de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve), coincide con la información policial y la denuncia de los dirigentes vecinales. En 2013 ya recibió denuncias al respecto, siendo Max Paredes y Periférica las zonas más vulnerables. “Robos a personas suceden casi en todos los distritos. Los delincuentes también entran a casas y se llevan lo que pueden”. Los monreros realizan sus fechorías en 13 distritos paceños.

En 2014, la FELCC de la zona Sur desarticuló tres asociaciones delictivas. Una de ellas a finales de diciembre. El grupo estaba conformado por tres malhechores, los cuales fueron atrapados en Irpavi, cuando huían de la Policía, con dos armas de fuego, una pata de cabra y dos juegos de manillas. El coronel Oswaldo Fuentes, director de la FELCC Sur, señala que todos los objetos robados eran vendidos a Juan A. M. (este intermediario es más conocido como “alberto”), quien luego los comercializaba en ferias públicas.

La Policía informa que los hurtos a actividades comerciales se presentan con más frecuencia en la calle Huyustus y por el Cementerio General. Fuentes afirma que en la calle 21 de San Miguel (Distrito 19 de la zona Sur) también se denuncia este tipo de delito. “Los grupos delincuenciales seleccionan algunas zonas como Achumani, Irpavi, Los Pinos”, complementa el Director de la FELCC Sur.

ESTUPEFACIENTES. Sobre la venta de drogas en la ciudad, este medio accedió a los datos por entrevistas con oficiales policiales que trabajaron y trabajan en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), bajo la solicitud del anonimato, ya que esta dependencia policial no respondió al cuestionario enviado por Informe La Razón. Los vendedores de droga normalmente se ubican en las plazas principales de los barrios y en las calles aledañas de los distritos 1, 6, 11, 12 y 19. Cada fin de semana, la FELCN realiza operativos para aprehender a vendedores de sobres de marihuana y cocaína .

“Un tema que nos preocupa mucho es la venta de droga, y la plaza Eguino se ha convertido en un punto de referencia. Por la avenida América y por la calle Jaén también se comete este delito. Eso no es novedad”, manifiesta una dirigente vecinal del Distrito 1, cuyo nombre se mantiene en reserva por seguridad; esta área comprende barrios desde San Jorge hasta Santa Bárbara y San Sebastián.

El II Estudio Nacional de Prevalencia y Características del Consumo de Drogas en Hogares Bolivianos, de la Secretaría de Coordinación del Consejo Nacional de Lucha contra el Tráfico de Drogas (Conaltid) —de octubre de 2013 a junio de 2014—, refiere que en nueve ciudades capitales y El Alto, la marihuana es la droga que más se consume. Le siguen el clorhidrato de cocaína, inhalantes, pasta base y éxtasis.

El problema de la venta de drogas es la derivación en otros delitos que generan la inseguridad ciudadana, expresa el psicólogo forense Carlos Velásquez. “Alguien que consume drogas puede provocar un accidente de tránsito si maneja, puede sufrir un asalto, una violación, y esto afecta su integridad como persona. También puede ser victimario, porque se hace riesgoso su comportamiento ya que se altera su conciencia”. Esa alteración puede llevar a cometer delitos como robos o asaltos para conseguir dinero y, posteriormente, acceder a la droga.

Los representantes vecinales y autoridades policiales entrevistados ubican al robo de vehículos y de autopartes como otra de las actividades delictivas que tienen mayor presencia en el municipio de La Paz. Los datos de la Dirección Departamental de Investigación y Prevención de Robo de Vehículos señalan que en 2014 se registraron 358 casos. “Roban 0,9 vehículos por jornada, es decir casi uno cada 24 horas”, detalla el coronel Elvin Baptista, director departamental.

El 30 de enero de 2015, tras semanas de indagación, los hermanos José R. M. (24), Néstor R. M. (26) y Marcos R. M (39), miembros de un clan familiar que arrastraba antecedentes desde 2009, fueron aprehendidos por la Diprove La Paz. Se les acusó del robo de al menos 60 motorizados. La banda operaba en el Centro, Miraflores y en el barrio Agua de la Vida; además en Villa Ingavi, en El Alto.

TURISTAS. Otra asociación delictuosa que operaba en La Paz, y a la cual se le atribuyó la muerte de personas, era la del “Clan Juli”. Seis personas fueron detenidas, cuatro varones y dos mujeres. De acuerdo con las pesquisas de Diprove, eran especialistas en robar vehículos antiguos y las mujeres usaban somníferos (pildoritas) para dormir a las víctimas.

El 11 de abril del año pasado, la Policía allanó tres domicilios en El Alto y encontró 12 motorizados robados, además de placas de control de los coches, cuyos dueños habían fallecido. Los especialistas en el robo de vehículos y sus partes también son conocidos como auteros.

Los distritos identificados por la Policía y los vecinos donde se registran más casos son el 1, 2, 6 y 13 (Miraflores, San Pedro, calle Riobamba y el mercado Rodríguez, la avenida Landaeta y Villa Fátima), y en el caso del robo de autopartes, los distritos más afectados son el 18 y 21 (Sur).

El 95% de los casos son hurtos originados por el descuido de los propietarios al dejar los coches estacionados en vía pública, en lugares con poca iluminación y calles vacías. El restante 5% corresponde a robos agravados, en los que los delincuentes obligan al dueño a abandonar su auto con armas de fuego, de acuerdo con los datos proporcionados por la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos.

Los ladrones optan por hurtar en esas zonas porque les resulta más fácil huir, ya que existen varias vías de escape al norte sur, este y oeste de la ciudad. “La mayoría de los motorizados robados por el clan R. M. eran llevados a la región de los Yungas o incluso al altiplano”, prosigue Baptista.

Asimismo, los distritos 8 (Cementerio General, zona Callapampa), 11 (Terminal de Buses La Paz) y 6 (calles Sagárnaga y Murillo) son identificados como las zonas donde los turistas se convierten en víctimas de los ladrones, revela el coronel Mario López, excomandante de la Policía Turística de La Paz.

“Una mujer se hizo amiga de una pareja de turistas mientras viajaban de Copacabana a La Paz. En el Cementerio General les ayudó a tomar un taxi para dirigirse a un hotel. Avanzaron dos cuadras y apareció un tercero que resultó ser un falso policía, que revisó sus pertenencias y, sin que ellos se dieran cuenta, se llevó sus billeteras, celulares y otros documentos”, cuenta la autoridad policial.

Solo en 2014, esta unidad policial, que maneja sus propias estadísticas, atendió 1.557 casos de robos, de los cuales 789 fueron por hurto y robo de especies, 49 por hurto y robo de dinero, 53 por robo de joyas, 53 por sustracción de documentación, y 581 denuncias por otras causas. Los hechos suceden a cualquier hora del día, añade López. La Policía Turística realiza patrullajes diarios, de 07.00 a 22.00.

Monday, May 4, 2015

Iván Castro la pasa “bien” en Chonchocoro

En el penal de máxima seguridad de Bolivia, reclusos considerados los más peligrosos tienen acceso a teléfonos celulares y a internet y Régimen Penitenciario ni se entera.

Ocho delincuentes sospechosos de haber perpetrado la matanza en El Abra el 14 de septiembre de 2014 fueron trasladados a Chonchocoro. Desde allí, Aníbal Camacho comenzó a delinquir robando autos en Cochabamba a control remoto y llamando a las víctimas para pedir dinero a cambio de su devolución, según una denuncia en Diprove. Iván Castro tiene Facebook: www.facebook.com/ivan.castrogamboa.7?__mref=message

y entre sus fotos publicadas existen imágenes de una parrillada realizada en Chonchocoro. Entre sus contactos figuran otros delincuentes. Una mujer lo etiquetó en la fotografía de un equipo de fútbol en el que Iván aparece al lado de Ariel Tancara. Algunos comentaron que Tancara “esté donde esté, debe estar pisando fuerte”.

En imágenes.

1. Parrillada en

Chonchocoro

En una foto publicada el 5 de marzo, Iván Castro aparece con otros reos haciendo una parrillada en Chonchocoro y a la izquierda en su celda.

2. Exhibiendo su tatuaje

Exhibe en su muro su tatuaje que dice “Sonríe ahora y llora después”, en castellano.

3. Delegado

Iván Castro renuncia a ser el nuevo delegado tras ser sindicado de haber mandado a matar a El Tancara.



4. Foto con Tancara

Es etiquetado en la foto de un equipo de fútbol en el que está con El Tancara.

5. La foto de perfil

en Facebook de Iván Castro Gamboa, desde Chonchocoro.


Nadie asume la responsabilidad en El Abra

A casi ocho meses de la matanza en El Abra, el pasado 14 de septiembre, ninguna autoridad asume acciones concretas para garantizar la seguridad en este penal y que la tragedia que dejó cinco personas muertas no se repita.

El número de policías se mantiene en 30, las cámaras de vigilancia no funcionan y los paneles de control se encuentran cerca de las torres de vigilancia, al alcance de los reclusos.

Las declaraciones de un experto mexicano, quien visitó El Abra la pasada semana, desnudaron los problemas sin resolver en este recinto penitenciario.

"El Abra es un penal de mediana seguridad y las otras cárceles son ´pueblitos", había afirmado el doctor en Ciencias Jurídicas de la Universidad de Nueva León, Gerardo Palacios.

El experto matizó su declaración con una sentencia contundente: que El Abra en su país serviría para albergar a adolescentes con problemas legales. En México, las cárceles de máxima seguridad son subterráneas y tienen armamento disuasivo antiaéreo.

Y esta afirmación se evidencia al visitar El Abra. En el muro perimetral se observa que las torres de vigilancia están sin policías, por falta de personal.

SIN CAMBIOS

Por el momento no hay planes para incrementar el número de policías en El Abra ni instalar más cámaras de vigilancia, confirmaron el comandante departamental de la Policía, coronel Wálter Valda, y el director de Seguridad Ciudadana de la Gobernación, Richard Jorge, respectivamente.

Valda indicó que una de sus prioridades es hacer rotar al personal "para que los policías no se acostumbren y los nuevos no tengan familiaridad con los privados de libertad".

"De acuerdo a la situación evaluaremos si vamos a incrementar algunos efectivos para brindar un servicio de seguridad", señaló Valda.

El jefe policial afirmó que el actual número de policías, 30, se ha mantenido "siempre". "Lo que hemos hecho más bien es incrementar algunos más, porque estaban con 28", agregó.

SIN CÁMARAS

"En el Plan Operativo Anual de la Gobernación para la gestión 2015 no está contemplada la adquisición de cámaras de vigilancia, afirmó el director de Seguridad Ciudadana, Richard Jorge.

El funcionario recordó que en forma reiterada aclaró en los medios de comunicación que la Gobernación ya dotó de cámaras de video vigilancia a El Abra.

Explicó que ahora el mantenimiento y soporte tecnológico de las cámaras es responsabilidad de Régimen Penitenciario y el Comando Departamental de la Policía.

MÁS PRESOS,

MENOS GUARDIAS

Los 241 presos que se encontraban encerrados en El Abra, el año 2008, eran custodiados por 76 policías, es decir, había un uniformado por cada tres reclusos, según datos extraídos del libro "Realidad carcelaria, cifras y fotografías", de Tomás Molina Céspedes.

Estas cifras han variado drásticamente. Siete años después de este diagnóstico elaborado por quien fuera director general de Régimen Penitenciario (2003-2006), el número de reclusos en El Abra se ha incrementado hasta 565, vale decir en 134 por ciento .

En la otra orilla, el número de policías ha ido disminuyendo. De los 76 que resguardaban El Abra en 2008, ahora solo han quedado 30. Cada uno de los uniformados debe vigilar a 19 reclusos.

La insuficiente cantidad de policías no permite realizar un control efectivo en El Abra, según reconocieron dos oficiales que trabajan en este penal. El 14 de septiembre de 2014, cuando ocurrió la matanza, había apenas 23 agentes, quienes no pudieron hacer nada.

“No podíamos hacer más, solo éramos 23 policías y ellos 522 internos, si abríamos las puertas de ingreso, para tratar de controlarlos, moríamos y podía haber una fuga masiva, además no todos tenemos armas”, rememoró un policía, según un testimonio publicado en Informe Especial el 28 de septiembre de 2014

Y para colmo de los males, las cámaras de vigilancia que habían sido instaladas en los predios del penal no funcionaban. Ese día, además, los reclusos se dieron el lujo de apagar la energía eléctrica porque los paneles de control estaban a su alcance.

LOS REQUERIMIENTOS

¿Qué se necesita en El Abra en forma inmediata para mejorar la seguridad?

"Es urgente la instalación de al menos 30 cámaras de vigilancia, pero que funcionen", responde un oficial que se encuentra destinado en El Abra.

Las cámaras deben ser instaladas en la parte externa e interna para vigilar a reclusos y visitantes, pero sin vulnerar sus derechos ni su privacidad.

Otro punto importante, según el oficial, es que el mantenimiento de las cámaras de vigilancia esté garantizado para que funcionen.

En lo que se refiere a seguridad, el oficial afirmó que en El Abra se requiere como mínimo 60 policías, el doble de los que actualmente resguardan el penal.

El insuficiente número de policías deja vulnerable al penal. Al menos tres de las siete torres de vigilancia se encuentran sin policías. Y la situación del personal se agrava cuando los reclusos deben asistir a sus audiencias en Sacaba, Quillacollo y Cercado. Cada día suelen presentarse unas cinco audiencias y el personal se ve mermado porque debe salir del penal con los reclusos.

Otra dificultad que tienen los policías es la falta de transporte para acudir a las audiencias con los reclusos. En algunos casos, los internos deben pagar el taxi para acudir a sus audiencias o sus familiares llegan en vehículos particulares.

REFLECTORES

Otro pedido de los policías de El Abra es la instalación de reflectores móviles en cada torre de vigilancia. El oficial que accedió a hablar con este medio explicó que ante la sospecha de un movimiento irregular en las instalaciones del penal, el policía encargado de la torre puede enfocar el reflector hacia determinado punto, lo que no ocurre ahora.

Los inhibidores de señal también deberían ser instalados en este centro penitenciario, toda vez que los reclusos tienen acceso a llamadas por celular y el servicio de internet.

El oficial de Policía recordó que algunos internos utilizan el celular y el internet para seguir delinquiendo y extorsionando a sus víctimas.

Para evitar que se introduzca droga u otros artículos prohibidos debería instalarse escáneres manuales y tipo arco en el ingreso a El Abra, como aquellos que se utilizan en los aeropuertos para evitar el tráfico de sustancias controladas y armas.

Actualmente, la revisión a las visitas se realiza en forma manual, lo que en algunos casos ha ocasionado la protesta de mujeres porque supuestamente se las manosea.

Los policías requieren además medidas de bioseguridad para ellos, toda vez que están en contacto con personas enfermas de tuberculosis y sida, por ejemplo. Asimismo, hay dos reclusos que tienen problemas mentales, pero están junto al resto de la población penitenciaria

INVERSIONES

El director de Seguridad Ciudadana, Richard Jorge, informó que en el presupuesto de la Gobernación se contempla una inversión de 4.8 millones de bolivianos para 2015.

Estos recursos serán destinados a la ampliación de El Abra en dos fases.

En este momento se está trabajando en la unidad de preinversión de la Gobernación, en coordinación con la dirección de Régimen Penitenciario, en la elaboración del proyecto de la ampliación del Abra en su primera fase, que demandará 2.480.000 bolivianos.

“En función de esto y las recomendaciones técnicas se podrá encarar la segunda fase de El Abra”, puntualizó Jorge.

Matanza fue una conspiración de “socios y amigos” de El Tancara


Nueve reclusos que pertenecían al entorno más íntimo y mimado del exdelegado del penal de El Abra Édgar Ariel Tancara Sandagorda fueron quienes planificaron su muerte y ejecutaron el salvaje ataque matando a 5 personas, hiriendo a 11 y poniendo en riesgo a decenas en una fiesta. Todo para conseguir su objetivo de arrebatarle el poder al gángster mayor.

Siete meses de investigaciones de la Policía y la Fiscalía confirmaron las versiones de internos que el 17 de septiembre de 2014 le dijeron a OPINIÓN que los culpables de la matanza eran los delegados superiores de La Mancha (grupo de 48 delegados de la gestión de El Tancara), que estaban interesados en la herencia “maldita” del poder y el dinero.

HISTORIA SE REPITIÓ

La historia se repitió por segunda vez en El Abra. La ambición corrompió primero a Edgar Ariel Tancara que en 2007 fue testigo de los “jugosos” ingresos que el entonces delegado Ronald Alcaraz administraba en El Abra.

Tancara convenció a David Huanca, el hombre de confianza de Ronald Alcaraz, de traicionarlo. Huanca le dio a beber un mate a Alcaraz para doparle "y entonces entraron El Tancara, Richard Cáceres y Jason, El Bicho, para golpearlo y apuñalarlo” siete veces. Le arrebataron el poder y comenzó la era de Tancara" que duró siete años.

El 14 de septiembre de 2014, Tancara cosechó lo que sembró. Fue víctima de la ambición de otros que lo vieron gastar a manos llenas en cirugías plásticas para sus novias, casas, autos, armas, drogas, alcohol y en comprar las conciencias de quienes debían vigilarlo.

Los conspiradores pensaron que ellos iban a ser los nuevos jefes de El Abra y que sus crímenes quedarían impunes como el asesinato de Ronald Alcaraz, pero eso no ocurrió.

HACER NÚMEROS

Por cada recluso nuevo que entraba en El Abra, el gángster cobraba entre 500 a 30 mil dólares por seguro de vida que se repartían con otras autoridades. Al margen de ello percibía grande sumas de dinero por concepto del ingreso de droga, alcohol, trabajadoras sexuales, etc.

Al ser el delegado mayor, su botín era mucho más grande que los ingresos de sus socios y esto despertó la envidia de su entorno más próximo.

La directora de las investigaciones en este caso, la fiscal Jhosy Erly Arauco, presentó el 15 de abril la acusación formal contra los nueve reclusos a los que identificó como los autores intelectuales y materiales de la matanza.

5 LA PLANIFICARON

Según este documento, días antes de la festividad de Urcupiña, los autores intelectuales, Aníbal Camacho Prada, Iván Castro Gamboa, el colombiano José Wilmar Toro y Omar Gonzales Terrazas se reunieron para planificar la muerte de Édgar Ariel Tancara y sus dos hombres de confianza, Humberto Gonzales Olmedo, alias El Beto, y Gustavo Tobar Ramírez, alias El Pilas.

Decidieron que el momento más propicio sería la fiesta de Urcupiña por la cantidad de gente que iba a ingresar en el penal y porque las víctimas iban a beber y no podrían defenderse. Los cinco autores intelectuales se distribuyeron roles para garantizar el éxito de su conspiración. Entre las 9 y las 10 de la noche,

4 LA EJECUTARON

Víctor Hugo Ledezma Sejas, Alejandro Jerson Rojas Panozo, Líder Castro Cruz y Sergio Camilo Arze Araníbar, según las pruebas periciales y materiales fueron quienes ejecutaron la matanza utilizando pasamontañas, armas de fuego y cuchillos.

2 MATARON A LUCIFER

Luego de que El Tancara, El Pilas y El Beto cayeron asesinados a tiros y puñaladas, la esposa de uno de ellos empezó a gritar desesperada y los invitados a correr para resguardar sus vidas.

Tiempo después, Johnny Villarroel, alias El Gallinas, reconoció a Sergio Arze, alias El Lucifer, como uno de los encapuchados. Una turba rodeó a Lucifer, éste sacó dos armas de su cintura y comenzó a disparar. Le dio varios tiros a El Gallinas e hirió a varios internos más.

Lucifer huyó hacia la malla olímpica, la escaló y saltó, pero cayó al canal de desagüe y sus perseguidores lo alcanzaron. Erwin Pablo Flores Gareca (hermano de El Gallinas) lo apuñaló y Abel Franz Villarroel Cejas lo remató golpeándole la cabeza con una piedra enorme.

Una de las balas disparadas mató al bebé que esperaba Margarita Herrera Savia. Once personas resultaron heridas, 9 de ellas eran reclusos y dos mujeres que estaban de visita.

LOS DELITOS

La fiscal Arauco acusó a los nueve reclusos por los delitos de asesinato, lesiones graves, leves y gravísimas. Pidió al Juez de Instrucción Cautelar de Sacaba que los mismos sean sometidos a juicio oral y sentenciados conforme establece el Código Penal, por el dolo, la alevosía y los móviles fútiles y bajos que impulsaron la matanza.

LAS PRUEBAS

La fiscal Arauco, a cargo del caso, logró reunir para llevar a juicio a los nueve reclusos, 58 pruebas documentales, 78 testigos, 6 pruebas o evidencias materiales (4 pasamontañas, 3 armas de fuego, una Smith and Wesson 9 milímetros, un revólver Ruger calibre 38 especial, un rifle casero, 6 cartuchos, un muestrario de cuchillos, bates, punzones) y 6 peritos que ayudarán a comprobar su acusación en el juicio oral.

Entre las pruebas documentales y periciales están los protocolos de autopsia de los cadáveres, los certificados médicos de los 11 heridos, informes policiales, cartas, notas, solicitudes, lista del personal que trabajaba en El Abra el 14 de septiembre, acta de requisa de la oficina de El Tancara, las planimetrías, fotografías forenses, actas de peritajes de luminiscencia, quimioluminiscencia, informes dictamen balístico pericial del Laboratorio Clínico de Biología del IDIF de La Paz, informe dictamen pericial de Planimetría y Geoposicionamiento



LOS NUEVE ACUSADOS

Fueron trasladados del penal de El Abra por su peligrosidad y porque empezaron a intimidar y golpear a los testigos.

Ocho de los acusados fueron llevados al penal de máxima seguridad Chonchocoro de La Paz y uno, Omar Gonzales, al penal de Palmasola de Santa Cruz.

1.- Jorge Aníbal Camacho Prada

2. - Iván Castro Gamboa

3.- Víctor Hugo Ledezma Sejas.

4.- Omar Gonzales Terrazas.

5.- Alejandro Jerson Rojas Panozo

6.- José Wilmar Toro

7.- Líder Castro Cruz

8.- Erwin Pablo Flores Gareca.

9.- Abel Franz Villarroel Cejas.

Los secretos del celular de Dennis Mejía salen a la luz

Hasta ayer era un misterio el contenido del teléfono móvil del exdirector de Régimen Penitenciario de Cochabamba. OPINIÓN accedió a fotografías del celular y halló que mantenía un flujo intenso de llamadas con Ariel Tancara y otras personas. Tancara le expresa en un mensaje su amistad y Mejía le corresponde. En WhatsApp, sus compañeros de una Logia Masónica debatieron cómo mover “influencias” políticas para ayudarlo.

El día en que Dennis Mejía supo que iba a ser aprehendido no dejaba de escribir en su teléfono celular. Era el 17 de septiembre de 2014. Habían pasado tres días de la matanza en El Abra y los 544 reclusos se habían amotinado exigiendo ser escuchados.

El entonces ministro de Gobierno, Jorge Pérez, accedió a oírlos y el que fungía como director de Régimen Penitenciario, Dennis Mejía, lo acompañó sin imaginar que de aquella reunión saldría esposado.

Reunidos con Pérez en el patio, los reclusos denunciaron que fueron víctimas de abusos, torturas y extorsiones por una red de la que formaba parte Mejía.

Uno de los internos reveló que por derecho de piso y para no ser asesinado ni violado dentro de la cárcel tuvo que pagarle 30 mil dólares al entonces delegado Édgar Ariel Tancara Sandagorda. Entregó el dinero a El Tancara en presencia de Mejía, quien no habría hecho nada para impedir la extorsión. Pérez ordenó a la fiscal que tomaba notas que procediera como correspondía, con la detención de Mejía.

Desde entonces, la exautoridad lleva casi ocho meses detenida preventivamente en la cárcel de Arani mientras la Policía y la Fiscalía investigan su relación con el delegado asesinado. Lo que hasta hoy era un misterio era el contenido del celular de Mejía en fotos y textos.

Meses antes de la matanza en El Abra, Mejía se había iniciado en una Logia Masónica con ayuda de un capitán de la Policía. Los integrantes de la Logia crearon un grupo en WhatsApp, que se llama Osiris 5, mediante el cual se mantenían comunicados para ayudar a Mejía.

En el teléfono de Mejía fueron halladas fotografías de ritos masónicos, reuniones, comidas y otros eventos del grupo formado por personas de distintas profesiones.

También existen bastantes mensajes de texto intercambiados con dos mujeres que son cabos de la Policía, llamadas constantes entre Mejía y el exgobernador mayor Yuri Duk, con algunos jueces y juezas, entre ellas Yolanda Ramírez, con policías de diferentes grados y con el delegado asesinado Edgar Ariel Tancara.

AMISTAD CON TANCARA

Un “curioso” mensaje de Ariel Tancara llama la atención porque el gánster felicita a Mejía por el Día de la Amistad y le confiesa que lo considera su amigo. La exautoridad le respondió que también lo considera un buen amigo y le agradece todo su apoyo.

MASONES SE MUEVEN

En WhatsApp, el Grupo Osiris 5 debatió bastante sobre cómo ayudar a su compañero de Logia y varios de los integrantes fueron comentando que llamaron al fiscal de Distrito, Freddy Torrico, a un fiscal en Sacaba y a otros profesionales afines al Gobierno, pero que les dijeron que al vivir el país una etapa preelectoral, la instrucción superior era “darle con todo” a Mejía. Este diario conoce, de fuentes reservadas, que el día que fue arrestado y debía ir a prestar sus declaraciones a la Fiscalía de Sacaba, Mejía consultaba al Grupo Osiris qué hacer ante su arresto y cómo podía solucionarlo, en el entendido de que entre sus compañeros de Logia hay abogados, capitanes de la FELCC y otros oficiales de la Policía.

El WhatsApp es una aplicación para teléfonos inteligentes que sirve para enviar fotos, audios, videos y textos, de forma gratuita, a otras personas o grupos formados por afinidad o intereses.

Lo único que se requiere es que el o los teléfonos tengan acceso a internet por wifi o través de un plan de datos.

Las conversaciones entre grupos o personas, vía WhatsApp no están “expuestas” al público como los comentarios del Facebook y parecieran ser secretas, pero en realidad son más riesgosas porque no se pueden borrar y quedan en los teléfonos de los miembros del grupo.

La matanza en El Abra abrió dos vetas de investigación. La primera se refiere a las pesquisas para identificar a los autores materiales e intelectuales de los cinco asesinatos y las 11 personas heridas el pasado 14 de septiembre, cuando la violencia estalló en medio de una fiesta en el penal de El Abra.

La segunda vertiente de la investigación está relacionada con las graves denuncias de torturas, extorsión y corrupción a las que eran sometidas los reclusos por un régimen del terror impuesto por Ariel Tancara y del que presuntamente formaban parte el exgobernador de El Abra mayor Yuri Duk, la jueza de Ejecución Penal 1 Yolanda Ramírez, el exdirector de Régimen Penitenciario Dennis Mejía y otros policías que trabajaban en El Abra.

Dennis Mejía es investigado por la comisión de los delitos de concusión (recibir sobornos aprovechando su cargo) e incumplimiento de deberes, que de acuerdo a la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz, tienen pena de cárcel.

El 19 de septiembre de 2014, Dennis Mejía negó todas las acusaciones y sostuvo que la finalidad de las mismas “es afectarme porque siempre he luchado contra las extorsiones y he trasladado de penales a muchos reos”.

La primera denuncia contra Mejía la presentó un recluso de apellido Uzquiano en 2013. Él relató que llegó a El Abra sindicado de cometer estafas con terrenos y Ariel Tancara supuso que tenía mucho dinero. Le exigió, para dejar de torturarlo, el pago de 30 mil dólares por concepto de derecho de vida. Según Uzquiano, tuvo que conseguir el dinero porque las torturas eran insoportables. Hizo el pago a Tancara delante de Mejía y éste no hizo nada para impedir el delito siendo una autoridad. Uzquiano sentó denuncia ante la Fiscalía, pero esta instancia la desestimó. Finalmente, este caso se convirtió en el motivo de la detención inicial de Mejía. Después, los reclusos abusados rompieron el silencio y relataron que Mejía sabía de todas las torturas y extorsiones porque ellos le pidieron socorro por carta y en forma verbal.

Sin embargo, Mejía nunca hizo nada por defender a los internos de los abusos porque, según ellos, “él y otros funcionarios de Régimen Penitenciario recibían su parte, en efectivo y en muebles para sus casas”. Muebles que los carpinteros de El Abra estaban obligados a fabricar “de regalo” y bajo amenaza de torturas para todas las autoridades que conformaban la red de corrupción en torno al penal.



“Vi cómo mataban al Tancara, al Pilas, al Beto y después a Lucifer”

Sentados detrás de uno de los arcos de fútbol, El Mechas y Romel miraban cómo Ariel Tancara salía a bailar con su enamorada Romina a la pista, mientras El Pilas acompañaba a la puerta a sus padres y otros familiares que se despedían.

La mujer de El Pilas sacó a bailar a Iván Castro al lado donde estaba El Tancara. El Beto permanecía sentado en una esquina con su esposa e hijo, ambos padres ebrios.

El Pilas volvió y se puso a jugar con su hijo cerca del arco. Entonces ocurrió.

“Vi cómo Aníbal Camacho, Jherson Rojas, El Conejo, Omar Gonzales, Víctor Ledezma, Líder Castro y dos más se bajaron los ch’ulos que habían sido pasamontañas y corrieron a la pista”, describe El Mechas.

Aníbal Camacho y Jherson Rojas fueron hacia El Tancara, pero es Camacho quien le apuntó con el arma y le disparó.

Cuando Romina vio caer a su pareja se lanzó sobre él y resultó herida con el segundo tiro que estaba destinado al delegado mayor. En ese momento la luz de la cancha se cortó, pero los reflectores de la amplificación estaban encendidos.

Pese a que Iván Castro, alias El Iván, era la mano derecha de El Tancara, y bailaba a su lado el 14 de septiembre, fue “ignorado” por los encapuchados.

José Toro fue hacia El Beto y le disparó. El Pilas gritaba perdón, pero ya no vi lo que le pasaba porque corrí con Romel”. En su huida se toparon con Jaime Gutiérrez, quien tenía un arma 9 milímetros. Los encapuchados se sacaron los pasamontañas, eran El Lucifer, Víctor Ledezma y Líder Castro, y fueron hacia la cancha buscando a Jaime Gutiérrez, al que obligaron a correr, a tiros.

El Mechas oyó que también lo buscaban a él y corrió a su celda, cerró con llave y se escondió debajo de su cama. “Pensé que ese día iba a morir porque vinieron e intentaron abrir mi celda”. Unos 40 minutos después salió a ver qué pasaba, cuando alguien empezó a gritar que toda la población vaya al patio. “Bajé por el sector de los billares y vi a Lucifer otra vez con bermudas, ya sin ropa negra, gritando que nos apuremos”.

En ese instante Johnny Villarroel, alias El Gallinas, le dijo a Lucifer “Vos has sido, vos has sido cabrón” y quiso revisarle su cintura.

ASESINATO DE LUCIFER

Sergio Arze reaccionó sacando dos armas de fuego y disparándole a El Gallinas y en todas direcciones para que los internos se hagan a un lado.

“Él empezó a escapar y mientras corría, varios lo seguían, yo en medio. Lucifer intentó salir por el pasillo de las visitas, pero estaba cerrado”. Viéndose atrapado, Lucifer se subió a la malla olímpica y saltó al otro patio, pero al caer se lastimó el pie y quedó tendido.

El Naruto subió la malla y saltó, sacó la faca y empezó a apuñalarlo en la espalda mientras Lucifer estaba en el piso. Los demás internos empujaron la malla hasta doblarla.

El Loco Bol, hermano de Johnny Villarroel, quiso vengar los siete tiros con los que El Salvatrucha había acribillado a su pariente minutos antes.

Tomó una piedra enorme y con ella aplastó la cabeza del malherido Sergio Arze hasta verlo sin vida, mientras El Naruto no cesaba de apuñalarlo en el cuerpo.

ENCUBRIDOR

Iván Castro se subió encima de la malla doblada y le ordenó a El Mechas que no deje pasar a nadie.

Cuando Lucifer dejó de respirar, El Iván les dijo a El Naruto y al Loco Bol que se fueran a bañar porque tenían la ropa llena de sangre.

“Iván levantó las dos armas que tenía Lucifer y se las dio a Richard Lafuente para que las entierre junto a otras dos armas calibre 9 milímetros y una bolsita de proyectiles”, describe el testigo.

Los internos se quedaron en el jardín. Abrieron el quiosco de El Tancara y lo saquearon. “Nos dieron leche, coca, cigarros, galletas”.

Mientras tanto, Óscar Rodríguez, Wilson Castro, Daniel Castro, El Goofy y El Chalinas se encargaban de esconder todo. “Lo sé porque los escuché venir a darle parte a Iván Castro, a Aníbal Camacho y a El Chavo, de todo lo que hacían”.

A excepción de El Beto, que fue asesinado mientras estaba ebrio y sentado en una esquina del lado oeste de la cancha, los internos cambiaron la posición de los cadáveres de El Tancara y El Pilas.

“A El Tancara lo pusieron en una frazada y lo llevaron más allá. Él no murió con los disparos, el Wilson Castro lo faqueó y después le sacó su billetera, las cadenas de oro y todo lo que tenía. Por eso su camisa estaba rota y su pantalón abajo”. El Pilas cayó con un balazo, pero volvió a levantarse y caminó hacia su jefe, pero volvió a caerse y Wilson Castro lo faqueó también”. Mientras tanto, Líder Castro y Víctor Ledezma hurtaban las billeteras de El Beto y luego la de El Pilas.

Mucho se habló del significado “esotérico” de las galletas y llaves que encontraron en los tres cadáveres, pero solo fueron desahogos de las víctimas de extorsiones. “Los Locos fueron quienes les llenaron las bocas de galletas mientras les gritaban: nos quitabas hasta la comida, coman pues ahora, pero en el infierno. Tanto nos castigaban c… nos hacían trabajar sin comer, ahora sigan comiendo”.

Otros sacaron sus llaves y se las introdujeron en las orejas, en las heridas de sus cuerpos. “Les decían a los muertos: aquí está la llave de mi auto, de mi casa, que más quieres quitarme c….!”. Escupieron los cadáveres y los patearon.

Los internos permanecieron en el patio y en el jardín hasta las seis y media de la mañana, hasta que Aníbal Camacho, Iván Castro y El Chavo les ordenaron que fueran a sus celdas a ocultar todos los cuchillos, facas y drogas.

Iván Castro les dijo a todos que cuando la Policía ingrese a investigar debían decir que no sabían lo que había ocurrido. “Población no ha pasado nada, no saben nada o El Lucifer les ha matado y él está muerto porque se tenían bronca”, les advirtió.

LO PROHIBIDO

En cuanto al ingreso de las bebidas para la fiesta, el testigo identificó como los responsables a varios policías y reclusos.

“Entraron 60 cajas de cerveza en un vehículo hasta la cerrajería, con la autorización del teniente Huanca, El Beto y yo fuimos a la cerrajería, cargamos los gangochos y los llevamos al depósito grande que estaba debajo del promontorio de arena, por el sauna. El que entregó las 60 cajas de cerveza fue el policía Montaño y El Beto le dio un fajo de billetes”.

Según el guardaespaldas, el ron también entraba en autos hasta la cerrajería y a la chapería gracias a los policías Nicolás y Checa, del turno del teniente Gutiérrez.

“En cuanto a las armas, no sé cómo entraban las de El Tancara, pero todos los delegados superiores portaban armas de fuego cuando estaban de turno. Yo solo vi al cabo flaco, alto, moreno que estaba de civil el día de la fiesta y él entregó dos armas a El Toro, pero yo pensé que eran para Tancara”.

El entonces gobernador de El Abra, el mayor Yuri Duk, estaba enterado de todas las irregularidades y las avalaba. “Él entraba por los menos dos veces al día a la oficina de El Tancara, pero Ariel no lo respetaba, lo trataba como a un perro. Le ordenaba y le decía si no haces esto y aquello, no vas a recibir plata”.

El Beto y El Pilas eran los que cobraban los seguros de vida, y de esos montos ellos siempre decían que 500 dólares eran para el mayor Duk, por cada recluso nuevo que era enviado por los juzgados cautelares.

“El Tancara no solo le daba dinero al mayor Duk, también le entregaba azúcar y arroz de lo que llegaba para nuestra comida. Cargábamos dos quintales al auto negro de lujo que tenía el mayor”, relata.

EL TUBO DE BAILE

La celda 1A de El Pilas se convertía en una sala de show de baile erótico algunas noches, en el turno del teniente Richard Gutiérrez. “Ahí hablaban, bebían, se drogaban. A la cocaína la llamaban Periquito y la guardaban en cajitas de fósforo, de ahí olían. Otras veces tomaban pilas que son unas pastillas rosadas a las que les decían “Flunis”. El Pilas decía que tenía burdeles y llamaba a dos o tres mujeres.

En esta celda había un tubo niquelado que las chicas utilizaban para bailar delante de El Tancara, el teniente Gutiérrez, El Beto, Omar Espinoza, el suboficial Alfredo Colque al que le decían El Bronco y el policía Nicolás. “El teniente Gutiérrez se loqueaba con la bebida y bailaba en el tubo, las manoseaba feo a las chicas y ellas se quejaban. El Tancara lo ponía en su sitio y el teniente se enojaba, amenazaba con dar informes. El Tancara lo calmaba diciéndole mañana vamos a arreglar”.

Guardaespaldas de El Tancara cuenta la matanza en El Abra


A casi ocho meses de la matanza en El Abra, las investigaciones avanzaron y concluyeron con una acusación formal en contra de nueve reclusos que serían los autores intelectuales y materiales del asesinato del delegado Édgar Ariel Tancara, alias El Tancara, Humberto Gonzales Olmedo, alias El Beto, Gustavo Tobar Ramírez, alias El Pilas, Sergio Arze Araníbar, alias El Lucifer, y de un bebé en gestación. La Fiscalía de Sacaba espera que el Tribunal de Sentencia fije hora y fecha para llevar a los nueve acusados a los estrados judiciales.

Hay pruebas materiales, testificales y científicas contra ellos. Una de las declaraciones más esclarecedoras fue la de un mecánico de motos que tiene una sentencia de 12 años de cárcel por el delito de violación, conocido como El Mechas (apodo cambiado).

Él entró en el penal de El Abra el 29 de mayo de 2014 a cumplir su sentencia. Al llegar fue, como todos, otra víctima de los abusos del delegado asesinado Édgar Ariel Tancara, pero terminó convirtiéndose en uno de los ocho guardaespaldas que debían protegerlo el día de la matanza.

LAS TORTURAS

El Mechas contó que al traspasar la puerta de El Abra para cumplir su sentencia lo recibieron El Beto, El Pilas, El Iván y El Chavo. “Me metieron en la celda 3A, ahí estaba don Ariel, echado en la cama. Me miró y dijo que yo era el perro de Álvaro Sanabria y les ordenó a los otros que me lleven a la celda 3B”.

En esta celda, el Mechas fue golpeado a patadas y con un bate de béisbol por El Iván, El Chavo, El Beto, y El Pilas. No lo dejaban dormir más de dos horas, le obligaban a levantarse a la una de la madrugada para lavar ropa de los gánsters del penal. Gróver Mendivil, el médico condenado por matar a una bioquímica y deshacerse del cadáver, ayudaba en las torturas sometiendo a los nuevos a toques eléctricos. “Le pagabas y te dejaba en paz”.

El entonces gobernador del penal, Yuri Duk, entró en la celda 3B y le preguntó por qué estaba allí. El Mechas aprovechó para contarle de las torturas y que le exigían 3.000 dólares para suspenderlas. “Duk me escuchó y salió. A la media hora entraron El Iván, El Tancara, El Pilas, El Beto y El Chavo para golpearme, el mayor Duk les había dicho que yo me quejé”.

Otros dos presos que estaban en la celda 3B, Marco Antonio Valencia y Johnny Jiménez Marza pidieron rebaja y pagaron 2.000 dólares para poder salir del pequeño infierno creado por Ariel Tancara dentro del penal. “Yo me quedé con Marco Díaz porque no teníamos dinero, pero las golpizas eran tan brutales que después conseguimos 500 dólares cada uno y les pagamos a El Pilas y El Beto, salimos a la celda 1B”.

En una ocasión, mientras El Mechas ayudaba a amarrar una carpa en el patio del penal, Tancara estaba bebiendo alcohol con un teniente de la Policía, de apellido Huanca, los reos Iván Castro y Jason Angulo. La agilidad y fortaleza física de El Mechas llamó la atención al jefe de los gánsters que lo mandó a llamar para comunicarle que a partir de ese momento sería su escudo o guardaespaldas.

Tancara mimó al Mechas. Le compró ropa. “Yo iba donde él iba, a todas horas. El cabo de llaves, el teniente Gutiérrez y el teniente Huanca le daban parte a Tancara cuando ya todos los reclusos estaban encerrados”.

Después de dos meses, El Mechas fue acusado de robar dinero y volvió a la celda 3B para ser torturado por El Iván, El Beto, El Pilas, El Chavo hasta que devolviera el dinero. El 12 de septiembre de 2014 los delegados de Aníbal Camacho, El Pilas, El Chavo, El Iván, Óscar Rodríguez y Jason Angulo le comunicaron que volvería a ser guardaespaldas de Tancara durante los dos días de fiesta de Urcupiña, junto a otras siete personas.

“El Tancara nos habló y nos amenazó, ‘Hijos de p... tienen que estar en sus lugares el sábado y el domingo’”. El 13 de septiembre bebieron todos menos Ariel Tancara. “Quince minutos antes de las 10 de la noche los tenientes Terán y Amurrio le dijeron que la fiesta se acabó, pero alguien le mandó una banda de música. “El Pilas le ordenó de mala manera a Aníbal Camacho que haga entrar a la banda tocando el tema de Wilstermann o de Blooming y Aníbal se fue rebuznando (protestando) y diciendo: ‘vas a ver mañana gordo hijo de p...’”.

Ariel Tancara tenía “su” quiosco dentro del penal. El 14 de septiembre “lo vimos comiendo sandwichs con los tenientes Terán y Amurrio, bebió y asistió a la misa, luego permaneció en su quiosco con su enamorada Romina hasta que llegó la jueza Yolanda Ramírez. Él le jaló su cartera para asustarla y ella lo besó en la mejilla diciéndole ‘papito cómo estás?’. Y llevó a la jueza a la mesa”.

LAS ARMAS

Mientras El Tancara se distraía atendiendo a la jueza, según el guardaespaldas testigo, el colombiano José Toro fue quien le pagó a un cabo de la Policía por dos armas. “José Toro estaba a mi derecha y un cabo que estaba de civil trajo las armas en una mochilita de un solo tiro, eran negras y las envolvieron en un trapo plomo. El Toro le dio un fajo de billetes al policía y después se fue a la mesa de Tancara para ver bailar a las fraternidades. Más tarde, Toro se fue en dirección a las celdas.

A las ocho de la noche los tenientes de la Policía Terán y Amurrio le preguntaron a Tancara hasta qué hora iba a ser la fiesta. Él les respondió “hemos quedado que hasta la una o dos de la mañana, y de su billetera sacó dinero en bolivianos que le dio a Amurrio”.

Mientras El Mechas iba a cenar al comedor vio un inusual corre corre de un piso al otro. Murmuraban “ya es hora”, “de una vez”. El Mechas dejó su plato de comida en su celda y volvió al patio. Se extrañó al ver que solo había uno de los ocho guardaespaldas, Romel Ramos. “Conmigo éramos dos, los otros seis desaparecieron”.

Luego de unos minutos apareció un tercer guardaespaldas, Sergio Arze Araníbar, alias El Lucifer o El Salvatrucha. “En la tarde estaba vestido con bermudas, pero se acercó de negro, fumó y luego se fue a parar al arco de fútbol del frente. Aníbal Camacho llegó con un ch’ulo, Jherson Rojas con una gorra. “Omar Gonzales, El Conejo, y Wilson Castro también estaban con poleras oscuras, pantalones camuflados.

Dos veces intentaron los policías que se acabe la fiesta, pero Tancara les daba más dinero y cerveza para callarlos. Tomó el micrófono de la amplificación y dijo “Que siga la fiesta”. No sabía que iba a ser su última fiesta.