Monday, September 2, 2013

Reclusas por la 1.008 prefieren el encierro por temor a narcos

Múltiples presiones, amenazas, condiciones infrahumanas, cobros ilegales, hacinamiento, abandono conyugal. Desde afuera la persistente amenaza del narcotráfico, la extorsión de abogados inescrupulosos y la burocracia jurídica.

Éstos son sólo algunos elementos con los que deben lidiar diariamente las reclusas del penal de San Sebastián Mujeres. Así lo confirman varios testimonios recientes, entre ellos el de Rosmery Irusta, de la Asamblea Permanente de Defensa de los Derechos Humanos.

“Todos tienen conocimiento de que he estado cuatro meses en la cárcel”, recuerda Irusta, mientras da cuenta de su experiencia y cómo pudo observar las precarias condiciones de vida que llevan las reclusas, que además del abandono que sufren por parte de autoridades y familiares, viven entre la extorsión y el chantaje.

Este testimonio sale a la luz pública a poco más de una semana del horrendo episodio que terminó con más de 30 muertos y decenas de heridos en el penal de máxima seguridad de Palmasola, en Santa Cruz, tras una reyerta entre prisioneros, en la que también murió un niño.

La amenaza de que se repitan hechos similares continúa latente en Palmasola. Y una posible réplica en otros penales del país se ha convertido en una preocupación nacional.

En este marco, Irusta señala que existe una presión constante sobre la población del penal de San Sebastián desde el ingreso al establecimiento.

Explica que fue testigo de la extorsión que ejerce el narcotráfico sobre algunas internas.

“Estas reclusas prácticamente no quieren salir (de la cárcel) porque dicen que el narcotráfico sabe cuándo abandonarán el penal y las esperan para volverlas a captar bajo amenaza de dañar a sus familiares, generalmente sus hijos. Entonces deben transportar el doble, la cantidad que perdieron más otra similar para generar ganancias a la organización y otro tanto adicional, si es que quieren tener un beneficio propio. Lógicamente vuelven a caer porque no tienen protección”, denuncia Irusta.

En otra experiencia que califica como muy dura, cuenta que escuchó a la gobernadora del penal advertir con un tono amenazante que las reclusas deben autogestionar su cuidado y seguridad.

“Dijo durante una formación para tomar lista. ‘Miren los cables, están mal. No se olviden que si hay una chispa y se incendia todo, yo no abro las puertas. Hijos y todo se queman aquí, no me importa’. Yo creo que habrá que humanizar a los responsables de los penales”, aconseja.

Sobre la Policía y su relación con los internos, considera que los uniformados no deberían permanecer más de seis meses a cargo de un centro penitenciario, porque luego de un tiempo comienzan a consolidarse relaciones muy estrechas, que pueden desembocar en hechos de corrupción, o en favoritismos y discriminaciones.

Respecto a la organización interna, recuerda que tuvo que pagar una cuota, tanto para ingresar como para salir del penal. “De entrada tienes que pagar tu derecho de piso, como le llaman, que es de 150 bolivianos”, explica.

Añade que las reclusas son víctimas constantes de las amenazas por parte de las autoridades del penal, y que además sufren el abandono de los defensores públicos. Quedan libradas a su suerte y, por lo general, sin recursos económicos como para tomar un abogado particular.

Sobre la presión que ejercen las autoridades, recordó otro capítulo.“Me tocó vivir una elección de delegadas. Las nuevas representantes no eran del agrado de la Gobernadora, así que comenzó una campaña hasta que las obligó a renunciar y promovió una nueva elección”, cuenta.

La mayor parte de las internas tienen su modo de subsistencia con el lavado de ropa, pero la dotación de agua no es permanente. “A veces no hay agua y las internas tienen que dar unos pesos para contratar un cisterna”. “Hay otros gastos como el transporte del alimento, el de consumo del teléfono, que no deberían quedar bajo la responsabilidad de las internas, pero así es el sistema”, explica.

Finalmente cuenta que algunas reclusas se ven obligadas a vivir con sus hijos y que ésta es una de las facetas más conmovedoras. Lo peor, según Irusta, es que gran parte de ellas queda expuesta a las dificultades señaladas y muchas más, pero que la más triste es el abandono de sus parejas. “Quedan sin dinero, presionadas, extorsionadas, a cargo de sus hijos, sin ayuda. Y con un marido que casi siempre ya tiene otra familia fuera del penal”, señala.

Sobre las afirmaciones de Irusta, la delegada de las internas de San Sebastián, asegura que las puntualizaciones son reales. Sin embargo, explica que desde hace dos meses hubo cambio de Gobernadora, y que gracias a esta renovación la relación entre las internas y las policías se ha distendido.

“Nuestra Gobernadora no nos impone las cosas, nos organizamos juntas. Existe un aporte por el cuidado de bienes particulares que no se pueden introducir al recinto como teléfonos celulares, que se quedan en el ingreso del penal y por lo cual cobramos un boliviano”, cuenta

La delegada complementa que antes no sabían qué destino tenía ese dinero, “pero ahora ese pequeño ingreso llega completo a las reclusas, para cubrir algunos gastos de servicios u otros”.

Sobre la anterior gestión dice que la Gobernadora no permitía la conformación de una comisión de internas para administrar los recursos económicos que ellas mismas generan.

“No nos permitían organizarnos, solamente querían que tengamos una tesorera o recolectora del dinero, para que la Gobernadora administre esos recursos. Ahora es muy distinto”, apunta.

La actual Gobernadora de San Sebastián Mujeres, teniente Brenda Claros Cruz, asegura que en el penal no se atenta contra los derechos humanos y que por el contrario se trata de colaborar a las internas en el desarrollo normal de sus actividades.

“Son mujeres que también tienen hijos dentro del penal. Nosotras como mujeres y autoridades, hacemos todo lo posible para que las internas consigan sus medios de subsistencia”, finaliza.

“En la cárcel se paga para todo, hasta por respirar”

Un corte de cabello al ras y una paliza de "bienvenida" a cargo de los delegados internos son las dos primeras experiencias que vive "en carne propia" la persona que llega a uno de los centros penitenciarios de Cochabamba.

Ramiro (nombre convencional) se encuentra recluido en uno de los penales del Casco Viejo, acusado por el delito de narcotráfico y accedió a relatar su caso.

"Nunca había estado tan nervioso y deprimido. Mucho más después de que el juez decidiera la detención preventiva en mi contra", confiesa este hombre de 25 años.

Esposado y con dos policías como escoltas, Ramiro llegó hace tres meses al penal, cerca de las 18:00 horas. Una vez registrado, transpuso el umbral del ingreso principal de San Sebastián Varones y fue conducido a la planta alta del recinto penal por un interno que está a cargo de velar por la disciplina en el penal.

"Me cortaron el pelo y después me dieron seis palazos entre varios de los internos, como bienvenida y para que me porte bien", complementa Mario, otro de los presidiarios que se encuentra desde hace cuatro años en este recinto carcelario.

El castigo que reciben depende del delito por el que fueron acusados.

Una vez que el interno nuevo ha recibido su escarmiento es librado a su suerte. "Acomodate donde puedas", escuchó Mario, mientras se disponía a salir de ese ambiente en el que había tenido su primer contacto con la población penitenciaria.
DERECHO DE PISO

El interno nuevo debe cancelar entre 400 a 500 bolivianos por el denominado derecho de piso. A este pago se suman otras exigencias: un quintal de arroz, azúcar, dos baldes de pintura (de primera) de 18 litros y productos de limpieza.

¿Pero qué sucede si un preso no paga el derecho de piso?

"Cada dos semanas hay recordatorios. Por orden del delegado nos meten a la oficina para apalearnos a los que todavía no hemos pagado el derecho de piso", afirma Esteban, otro presidiario que fue recluido hace medio año.

Según este interno, los "disciplinas", les propinan 3 a 4 batazos, sin derecho a reclamos. "No respetan nada, ni la edad de las personas mayores", afirma.

"En la cárcel se paga por todo. Cuando uno ingresa, para vivir tranquilo, por no ser castigado, para salir, e incluso hasta para respirar", afirma Esteban.

Los cobros irregulares no sólo afectan a los internos de los penales, sino también a las personas que visitan a sus familiares y amigos.

Las visitas deben cancelar dos bolivianos, como derecho de ingreso, si es que tienen la tarjeta verde, y tres si es que la persona ha entrado sin carnet de identidad. Además, los internos encargados de "controlar" la puerta advierten a las visitas que los hombres deben salir como máximo hasta las cinco de la tarde, caso contrario deberán cancelar cinco bolivianos.

Y cuando la visita decide prolongar su estadía más allá de la hora determinada, efectivamente cancela este monto a uno de los internos que se encuentra en la puerta. Recibe a cambio su carnet de identidad.
VISITAS PERMANENTES

La estadía por las noches en la cárcel tiene su precio. Mario, quien ha vivido en el penal durante los últimos cuatro años, asegura que las mujeres que se quedan durante las noches con sus esposos deben pagar hasta 100 bolivianos cada mes.

Según este mismo interno, en el penal de San Sebastián pernoctan al menos 30 mujeres, que se quedan en forma permanente.

El negocio inmobiliario también tiene su mercado. Las personas que salen en libertad venden sus celdas. "Transfiero celda, amplia, con televisor DVD y cable", es uno de los al menos cinco anuncios pegados en una de las paredes del penal. Un teléfono de referencia completa el aviso.

Se pueden encontrar celdas desde 1.500 dólares, las más pequeñas, y 7.000 dólares, las más amplias.
¿EXTORSIÓN?

Una resolución de 20 días. Ése es uno de los castigos más temidos por los internos.

"Si los policías encuentran a alguien borracho, o cuando ha cometido una falta, le amenazan con esta sanción. Y nadie quiere eso", denuncia Mario.

"Esta sanción agrega a tu condena seis meses de presidio", explica este interno.

Para no verse perjudicado, el recluso que ha cometido la falta decide negociar. El trato se cierra con el pago de 500 bolivianos o "según" la gravedad de la falta.

Un presidiario que fue encontrado con 300 gramos de marihuana tuvo que pagar 20 mil bolivianos y un televisor plasma, según el relato de dos internos.
ALCOHOL Y DROGA

El alcohol que se comercializa al interior de los penales es introducido con ayuda de los mismos policías, en la madrugada, según los testimonios de al menos seis internos. Consultado sobre esta denuncia, el director regional de Régimen Penitenciario, Dennis Mejía, asegura que las visitas se dan modos para introducir alcohol y droga en las cárceles.

Agrega que pudo evidenciar que las visitas meten alcohol y droga en muñecas, en pollo y en pañales de bebé.

"Por lo tanto, no se puede echar la culpa a los policías", argumenta.

No obstante, señala que en caso de descubrirse a un policía introduciendo alcohol "será sujeto a las sanciones".

"Todo privado de libertad o persona puede acusar, pero eso tiene que comprobarse", apunta.

En el penal más hacinado hay un metro cuadrado por recluso

El hacinamiento es una característica de las cárceles de Cochabamba. Cientos de presos conviven en espacios extremadamente reducidos, en infraestructuras que no fueron concebidas para este fin.

El penal de San Sebastián Varones ilustra con creces esta afirmación que se viene repitiendo desde hace varios años. En este recinto penitenciario están recluidos al menos 750 personas en una extensión que, según Régimen Penitenciario, no sobrepasa los 1.000 metros cuadrados. Conclusión: cada preso dispone de un metro cuadrado para movilizarse.

Este penal se encuentra en la acera norte de la plazuela del mismo nombre, a cien metros de la avenida Aroma y un poco más alejado de la histórica colina, en la que mujeres cochabambinas resistieron el ataque de los españoles.

El patio central ocupa la mayor parte del terreno. Tiene a sus cuatro costados construcciones precarias, que han sido levantadas sin planificación. Una sobre otra, las celdas han sido edificadas según la necesidad de la población penitenciaria.

Las gradas que nacen a los costados del patio abren el camino a los primeros pisos del penal. Para llegar más arriba es necesario utilizar escaleras angostas, que no tienen más de 60 centímetros, apenas suficiente para que se deslice una persona de contextura mediana.

"Esta celda tiene una buena vista. Se ve todo el penal, el patio y la calle", asegura Esteban, un recluso que ha permanecido durante los últimos cuatro años en esta cárcel.

Adquirió esta celda de dos por tres metros en 1.600 dólares. Tiene una cama cerca de la ventana, ropa colgada en las paredes y algunos adornos.

En este penal los internos trabajan en varios oficios. Algunos han decidido instalar tiendas y negocios de venta de comida. Otros han optado por agremiarse al rubro de artesanos, comideros, llamadores o carpinteros.
INFRAESTRUCTURA

El hacinamiento, según el director regional de Régimen Penitenciario, Dennis Mejía, es agravada por dos factores, una deficiente infraestructura y la retardación de justicia.

En los seis penales de Cochabamba viven 2.800 presos cuando la capacidad es para 1.600 personas. Además, el 85 por ciento tiene detención preventiva, sin sentencia ejecutoriada.

"Se debería contar con una infraestructura adecuada para que los reclusos puedan estar separados por el tipo de delitos. Otra solución es agilizar los procesos de los internos”, señala.
PARA MEJORAR LA

INFRAESTRUCTURA

Mejía admitió que los reclusos realizan cobros al interior del penal, pero justificó este hecho asegurando que este dinero les sirve para solucionar problemas de infraestructura y otras emergencias. Por ejemplo, para reparar el sistema de alcantarillado, comprar medicamentos y sustentar otros gastos urgentes.

Mejía recuerda que las alcaldías y la Gobernación son las instancias encargadas de construir la infraestructura y realizar su respectivo mantenimiento, "pero hasta la fecha no hay nada".

"Si queremos cortar estos cobros, los internos nos indican que nosotros tenemos que darles todo", señala Mejía.

Y respecto al cobro del derecho de piso, Mejía apunta que "eso es ya una cuestión interna", pero que también se va a cortar con el tiempo.

Asimismo indica que otro objetivo de Régimen Penitenciario es evitar que se sigan vendiendo las celdas porque estas infraestructuras son propiedad del Estado "y no son bienes raíces".

Mejía explica que en pasados años, debido a la falta de apoyo, los internos construían sus celdas, invertían su dinero y cuando se iban las vendían.

Palmasola: “Orden a sangre y fuego”

Los reclusos alojados en las cárceles del país "imponen su voluntad a sangre y fuego. En el caso de Palmasola (Santa Cruz), seguramente las víctimas eran algunos muchachos que no pudieron o no quisieron pagarles a los que dominan el penal y los ajusticiaron", asegura el exdirector general de Régimen Penitenciario, Tomás Molina Céspedes.

La reyerta en el penal de Palmasola ocurrida el pasado 23 de agosto por el control del penal dejó más de 30 muertos, entre ellos un cubano, un brasileño y un peruano, además de medio centenar de heridos en su mayoría por quemaduras.

Uno de los fallecidos es un niño de 18 meses que vivía con su padre en el penal, una práctica bastante común en Bolivia.

Ante la magnitud de esta tragedia, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) urgió el pasado jueves al Gobierno boliviano aplicar reformas en las cárceles que garanticen la vida de los reclusos, según una nota difundida por la agencia EFE.

La oficina de la OACNUDH en La Paz expresó esa petición y su "profunda preocupación" en un comunicado en el que insta a las autoridades a investigar esos hechos violentos para sancionar a los culpables, incluyendo la eventual responsabilidad por acción u omisión de funcionarios estatales y policías.

Las medidas deben contemplar el ejercicio pleno de la autoridad del Estado en las cárceles, la reducción de las personas en detención preventiva y su separación de los internos con condena.

En las cárceles del país, según datos proporcionados por Régimen Penitenciario, al menos el 85 por ciento de los reclusos es detenido preventivo sin sentencia ejecutoriada.

"Es además fundamental que se proceda en forma inmediata con la protección efectiva de niños, niñas y adolescentes, que todavía viven en las cárceles con sus progenitores, a través de su reubicación en otros lugares aptos para garantizarles todos sus derechos", agrega el comunicado de la oficina de Naciones Unidas.
CAMBIOS

Según Tomás Molina, lo que se debe hacer ahora es traspasar los penales a la administración de los gobiernos departamentales.

"Existe una autonomía contemplada en la nueva Constitución. Consiguientemente, las gobernaciones deben hacerse cargo de las cárceles. Entonces van a ser mejor tratados los presos y es una solución inmediata, que no requiere de un proyecto a largo plazo", asegura.
SIN DISTINCIÓN

En el caso de Cochabamba, Molina asegura que el problema es que no hay secciones en las penitenciarías.

"En San Sebastián todos comparten los mismos ambientes. Entonces es difícil separarlos, al igual que en las otras cárceles. Existen grupos mafiosos que extorsionaban a los nuevos presos. Los nuevos terminan cediendo ante las mafias. Los reclusos terminan siendo las víctimas en un sistema carcelero que no es para rehabilitar como dice la ley, en absoluto", asegura Molina.

En los últimos días, por ejemplo, Juan Choque Flores, alias El Senas Menor, fue acusado por internos de San Sebastián de querer tomar el control de este recinto penitenciario, por medio de la fuerza y la extorsión.

El Senas Menor fue recluido en la celda de confinamiento por protagonizar peleas el primer día de su estadía en este penal.

"Los presos en una ociosidad absoluta, jugando naipes, cacho, drogándose no es rehabilitación. El prediario que reciben es un absurdo. La administración no debería darles ni dinero, debería darles alimentos… No puede haber rehabilitación con el estómago vacío. Debería haber empleos, oficios, deporte y no hay nada de eso para los reos", considera Molina sobre la situación carcelaria en Cochabamba, a la que califica como totalmente ilegal.

"A los presos en Bolivia les dan un dólar por día para que almuercen y cenen. En Chile por ejemplo les dan 12 dólares, en el Brasil 50", cuenta.
A LOS POBRES

Molina da cuenta en su libro Realidad Carcelaria (Editora JV, 2009) cómo en las cárceles de todo el país las condenas mayores se aplican a personas de escasos recursos.

Según Molina, en el penal de San Sebastián Varones “existe un hacinamiento espantoso, si se toma en cuenta que esta cárcel tiene una capacidad máxima para 100 presos”.

En 2009 en este penal vivían 250 reos y a la fecha esta cantidad se ha triplicado hasta alcanzar a los 750, además de 30 esposas de los internos.

Las mujeres privadas de libertad suman 1.678


Las mujeres, al igual que los varones, también son víctimas de la retardación judicial.

En los nueve departamentos del país existen privadas de libertad.

Los reclusos exigen celeridad en sus procesos.

La población carcelaria en el país alcanza a 14.771 privados de libertad, entre hombres y mujeres, según el informe de la Dirección Nacional de Régimen Penitenciario.

De acuerdo con los datos oficiales, de esa cantidad, 13.093 son varones y 1.678 son mujeres.

En cuanto a los departamentos se refiere, en Santa Cruz existen 573 mujeres encarceladas, La Paz tiene 472 reclusas, Cochabamba 335, Tarija 67, Beni 49, Oruro 77, Potosí 49, Chuquisaca 41 y en Pando hay 15 privadas de libertad.

El total de reclusos sentenciados a escala nacional llega a 2.461, lo que hace el 16,7 por ciento. Los detenidos preventivos suman 12.310, lo que equivale al 83,3 por ciento.

Esta realidad, de acuerdo con Régimen Penitenciario, demuestra que hay retardación de justicia en el país, lo que provoca hacinamiento en las cárceles del país.

En ese contexto, según el director de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, corresponde al Órgano Judicial cumplir con su responsabilidad y solucionar la mora procesal.

VARONES ENCARCELADOS

En el departamento de Santa Cruz hay 5.137 varones presos, La Paz tiene 2.598 reclusos, Cochabamba 2.186, Tarija 791, Beni 796, Oruro 500, Potosí 500, Chuquisaca 405 y Pando 250 varones privados de libertad.

En cuanto a porcentaje de reclusos a escala nacional, Santa Cruz encabeza con el 38 por ciento de internos, La Paz el 21 por ciento, Cochabamba 17 por ciento, Beni 5 por ciento, Oruro con el 4 por ciento, Potosí el 4 por ciento, Chuquisaca el 3 por ciento y Pando con el dos por ciento de los privados de libertad.

Sunday, September 1, 2013

Reos de San Pedro dicen que corrompen a policías

Internos de la cárcel de San Pedro (La Paz) revelaron ayer que “corrompen” a los policías y administradores de la justicia, para ser tratados como humanos, no ser discriminados y ser trasladados a las audiencias cautelares en el Ministerio Público.

Abraham, uno de los reos, relató que se halla con detención preventiva desde hace siete años y medio por robo agravado sin que algún juez determine su situación legal. Señaló que es víctima de constantes abusos por parte de los custodios, que incluso piden “costear” el refrigerio para que los traten como “personas y no animales”.

“Tenemos que pagar su almuerzo o su desayuno. Si no, nos tratan muy mal. Nos empujan, nos enmanillan fuerte, bruscamente, y a veces, ni siquiera nos bajan al baño para hacer nuestras necesidades”, relató.

Ante la retardación de justicia, el interno contó que los abogados piden una cierta cantidad de dinero, aparte de sus honorarios, para pagar a jueces y fiscales y así acelerar los procesos.

Los líderes de Chonchocoro controlan vidas y mandan a cometer delitos

Hay un hombre que grita como si lo estuvieran matando. Grita porque la piel de su cuerpo está en carne viva y la curación le provoca un dolor que, después me dirá, jamás había sentido en su ‘puta’ vida. En esta sala de la cárcel de Palmasola hay colchones en el piso y encima de ellos están algunos de los que se salvaron de la matanza de Chonchocorito del viernes 23 de agosto, cuyas muertes ya suman 34. Los que sobrevivieron no solo son testimonio para saber qué pasó aquella mañana lluviosa, sino que son testigos vivientes de cómo opera y florece el discreto y millonario negocio del encierro.

Lo que se supo desde la misma jornada del viernes negro, es que los líderes del pabellón B, a la cabeza de Pedro Luis Banegas Galdo, alias ‘Cindy’, incendiaron el bloque A. Días después, los fiscales Milton Montellanos, Marcos Arce, Mauricio Romero, Álvaro La Torre, Freddy Durán y José Parra hicieron conocer que todo se produjo a las 5:30, cuando una turba enardecida de internos, comandada por al menos 10 personas, irrumpió de forma violenta armada de machetes, palos, fierros, cuchillos, tijeras, chicotes, garrafas y armas de fuego.
La pelea de liderazgos opera dentro de una lógica de acaparar poder y ganancias económicas. El preso que llega a tomar el poder de Chonchocorito, el sector de Palmasola que tiene el mentiroso nombre de ‘máxima seguridad’, pasa a ser el dueño de todo: de los presos y de sus habitaciones, del restaurante, de los seguros de vida que se cobran mediante extorsión, y del comercio de teléfonos celulares, de drogas, de armas, de alcohol, y hasta de las máquinas de expendio de gaseosas y de helados de chocolate.

La danza de dólares es suculenta. El director de régimen penitenciario, Ramiro Llanos, dio una cifra: “Son $us 30.000 los que se recaudan de manera ilegal por el pago de seguros de vida que cobran los líderes de los presos”, dijo, e invitó a sacar calculadora: cada día ingresa un promedio de 10 detenidos preventivos y a cada uno se le cobra entre $us 2.000 y 3.000 como boleto que les asegura la vida. “Hay malos civiles y policías. Lo que intentamos es corregir esto”, dijo con aplomo.
Palmasola cobija en pabellones hacinados a 5.200 hombres y mujeres privados de libertad, donde más del 80% de ellos no tiene sentencia ejecutoriada. Chonchocorito es una mole que está dentro de Palmasola, cuyo nombre técnico es PC-3 y que en el lenguaje de los presos se lo conoce como el lugar donde duerme el diablo. Por eso, cuando un nuevo preso llega a Palmasola, el policía de turno le pregunta: “¿Quieres ir al cielo o al infierno?

El cielo es el PC-4, el régimen abierto, esa especie de barrio dentro de la cárcel donde vive el 90% de la población carcelaria, metida en 32 pabellones y en cuatro iglesias evangélicas que prestan sus asientos para que duerman los que no tienen dónde caer muertos.
El PC-4 hace seis años que se ha liberado de La Pesada, ese grupo de presos que lo quería dominar todo, y ha impuesto su policía interna compuesta por cinco grupos, cada uno con 50 internos que patrullan día y noche para evitar que la ley del más fuerte se adueñe de la vida y de los bolsillos de los internos.
El infierno es Chonchocorito, una especie de Estado dentro de un Estado, donde hasta antes del viernes negro los que imponían su ley eran los líderes del bloque A y del B, compuestos por lo menos por 15 miembros cada uno.

Pero acceder al cielo tenía su precio. “Para no ir al infierno, el preso debe pagar hasta $us 3.000 al policía de turno”, dice un reo que está en el PC-4 y que cuenta que él dio una suma fuerte para no ser llevado al PC-3. “Si el reo es extranjero, la suma se multiplica y cuando se trata de un ladrón de bagatela baja hasta en un 50 por ciento”, dice.
Pero los que no tienen dinero son llevados hasta el ‘locutorio’, una especie de purgatorio, un espacio que debió funcionar como sala telefónica, con capacidad para 10 personas, pero donde llegan a vivir temporalmente hasta 80 reclusos hasta que decidan si aflojan el dinero para evitar descender a los misterios de Chonchocorito.
Entonces, los que no consiguen el pasaje que los lleve al régimen abierto, son trasladados al PC-3, donde supuestamente deberían ir los delincuentes más peligrosos, pero que, en muchos de los casos, terminan yendo los que no tienen dinero, por más que solo hubieran robado un teléfono celular. Esta realidad se develó tras los hechos del fatídico viernes negro, cuando entre las víctimas fatales y los heridos se encontró a personas que habían cometido delitos de bagatela.



Auteros desde Chonchocorito
El poder también lo utilizaban para orquestar desde la cárcel el robo de vehículos. Así lo dice un preso que se salvó de milagro el día del incendio del 23 de agosto. “Yo era autero, pero aquí decidí ya no serlo. Varias veces los jefes de los reos me pedían que desde aquí ejecute atracos y yo me negué. Por eso terminé durmiendo en el piso”, cuenta y lanza otro dato. Los cabecillas suelen llamar a los ladrones de vehículos que están en la ciudad. Les piden que les hagan el trabajito y si se niegan los amenazan con que cuando caigan presos la pasarán muy mal en la cárcel.

El director del Régimen Penitenciario dice que Palmasola es parte del sistema capitalista. “Afuera todo el mundo quiere ganar plata en cosas ilícitas, en las cárcel esto se repite”, afirma.
El coronel Rolando Fernández, excomandante de la Policía cruceña, pregunta ¿por qué no se tomaron las medidas convenientes para parar estas irregularidades? “Es posible que algunos policías hayan incurrido en irregularidades. Lo que pasa dentro de las cárceles está bajo el dominio de los privados de libertad y ellos establecen sus reglas y los códigos del más fuerte, mediante la violencia, amenazas, agresiones, enfrentamientos o emboscadas mortales”.
El preso que está gritando de dolor en la sala de sobrevivientes, después me dirá que no ve la hora de curar su cuerpo quemado, pero que también teme que llegue ese día porque cuando eso ocurra dejará el PC-4 y lo trasladarán a Chonchocorito. No quiere descender a las oscuridades del infierno

Testimonios

DE LA CAMA A LAS LLAMAS
Marcos
Ahora no quiero hablar del delito que he cometido. Si quiere le digo sobre lo que pasó el viernes. Ya era cantado, eso se veía venir. Todo mundo sabía que los liderazgos son cotizados. Hasta que estalló el problema. Era de madrugada cuando se escuchó el ruido fuerte, luego las llamas en la puerta y los gritos dentro de las celdas. Todo fue muy rápido primero, y después lento todo. No había en quién ampararse. Los presos éramos más que los policías.

MURIERON LOS AMIGOS POBRES
Raúl
Los que se escondieron debajo de los catres fueron los que perecieron. Lo hicieron pensando que eso lo salvaría, pero la madera ardió y para muchos ya fue difícil salir porque el humo también los intoxicó. Era gente que yo conocía, algunos de poco dinero, otros tenían alguito. Habíamos estado conversando un día antes sobre lo duro que era vivir en Chonchocorito. Yo no quiero regresar allá. La vida está en peligro y nadie hace nada.

AFUERA ESTABAN LOS MACHETES
José
Yo me vi envuelto en las llamas. Mojé una sábana en un balde de agua y me la puse en la cara. De mi celda a la puerta había solo cinco metros, pero fue como caminar cinco cuadras porque nunca llegaba a la salvación. Cuando salí me topé con los presos del bloque B, que me dieron con machete y con palos. Ellos me hirieron más que el fuego. La idea que tenían era hacer que los del A salgamos para darnos con todo afuera. Pero no todos lograron salir.

NADA CAE DEL CIELO
Efraín
Cada interno que llega a Chonchocorito paga mínimo Bs 1.500 tras que llega. Con ese dinero asegura su tranquilidad. Los líderes de los bloques esperan por hora que un nuevo reo sea trasladado al penal porque ese hombre significa dinero. Por cada nuevo preso, a veces se le da $us 100 al policía de turno. Muchas cosas se las hace en combinola. ¿Cómo se explica que haya droga, alcohol y armas dentro del PC-3? Sabemos que nada cae el cielo.

Cartas anticiparon que la bomba iba aestallar en algún momento
Hace un año exactamente que Yessica Ortiz sabía que a su esposo Herland Arteaga Parada, el líder del bloque A de Chonchocorito, lo querían matar los líderes de la vereda del frente, los presos del bloque B. Así se lo hizo conocer a la Dirección departamental del Régimen Penitenciario en una carta fechada el 29 de agosto de 2012.

“He tomado conocimiento de que mi esposo Herland Arteaga Parada está amenazado de muerte por los internos Herland Medina, Pedro Luis Banegas (Sindi)... Ellos están planeando y ofreciendo a los internos de los botes para que ingresen de manera violenta al recinto donde se encuentra mi esposo con la finalidad de victimarlo y tomar el control del bloque A”, señala en la carta.
Pasó el tiempo, Chonchocorito tuvo su viernes negro el 23 pasado y las pesquisas de los fiscales que investigan este caso señalan que los internos actuaron con total menosprecio a la vida, incluso utilizaron garrafas con gas como lanzallamas y arrojaron bombas caseras con la intención de matar al líder del bloque A (Herland Arteaga Parada), pero como los internos de dicho pabellón protegieron a su líder, entonces terminaron matando a todos los del bloque.

El ambiente hostil también se vio reflejado meses antes, en mayo de 2012, cuando el mismo Herland Arteaga Parada envió el 28 de ese mes una carta al director del Régimen Penitenciario, en la que le dice: “Yo, de mi propia voluntad y sin presión alguna, renuncio a mi cargo de primer encargado del pabellón A del PC-3, debido a que me he descuidado en la atención de mi familia, y porque me he ganado muchos enemigos, que inclusive me han amenazado de muerte”.
En la parte final, Arteaga dice:
“En lo posterior estaré postulando para procurador, pero será más adelante, para seguir controlando la paz como hasta ahora”.